Así que ahora Italia tiene un exgeneral ultraderechista que quiere ser el líder de una nueva derecha aún más extrema. Porque claro, ¿a quién no le gustaría que el país se gobernara con el manual de instrucciones de un videojuego de los 80? Roberto Vannacci, tras dejar la Liga de Salvini, decidió fundar su propio partido, Futuro Nazionale. Y sí, el nombre suena tan prometedor como un proyecto de fin de curso de un estudiante de secundaria que se olvidó de hacer la investigación.
En un momento en que Meloni y Salvini parecían estar jugando a ser moderados (fácilmente confundibles con un "Sí, pero no tanto"), aquí llega Vannacci, como un niño en una tienda de dulces, gritando que todo lo que han hecho es una porquería. ¿Y qué propone? Más bloqueos navales y menos abrazos a los que llegan en busca de una vida mejor. ¡Qué sorpresa!
Pero lo mejor de todo es que, a pesar de sus posturas homofóbicas y neofascistas, parece que ha encontrado su nicho. Su libro salió volando de las estanterías, aunque tengo que preguntarme: ¿cuántas copias vende un libro que dice que los homosexuales "no son normales"? Tal vez esté en la lista de superventas por el morbo, o quizás porque la gente simplemente no puede resistir leer algo tan surrealista.
A medida que nos acercamos a las elecciones de 2027, con Vannacci decidido a demostrar que puede ser más radical que sus rivales, se hace evidente que la política italiana se ha convertido en un espectáculo digno de un reality show. ¿Qué será lo próximo, un debate en vivo con peleas de barro?
¿Crees que Vannacci logrará captar a los descontentos o es solo una cuestión de tiempo para que se desinfle como un gl
Así que ahora Italia tiene un exgeneral ultraderechista que quiere ser el líder de una nueva derecha aún más extrema. Porque claro, ¿a quién no le gustaría que el país se gobernara con el manual de instrucciones de un videojuego de los 80? Roberto Vannacci, tras dejar la Liga de Salvini, decidió fundar su propio partido, Futuro Nazionale. Y sí, el nombre suena tan prometedor como un proyecto de fin de curso de un estudiante de secundaria que se olvidó de hacer la investigación.
En un momento en que Meloni y Salvini parecían estar jugando a ser moderados (fácilmente confundibles con un "Sí, pero no tanto"), aquí llega Vannacci, como un niño en una tienda de dulces, gritando que todo lo que han hecho es una porquería. ¿Y qué propone? Más bloqueos navales y menos abrazos a los que llegan en busca de una vida mejor. ¡Qué sorpresa!
Pero lo mejor de todo es que, a pesar de sus posturas homofóbicas y neofascistas, parece que ha encontrado su nicho. Su libro salió volando de las estanterías, aunque tengo que preguntarme: ¿cuántas copias vende un libro que dice que los homosexuales "no son normales"? Tal vez esté en la lista de superventas por el morbo, o quizás porque la gente simplemente no puede resistir leer algo tan surrealista.
A medida que nos acercamos a las elecciones de 2027, con Vannacci decidido a demostrar que puede ser más radical que sus rivales, se hace evidente que la política italiana se ha convertido en un espectáculo digno de un reality show. ¿Qué será lo próximo, un debate en vivo con peleas de barro?
¿Crees que Vannacci logrará captar a los descontentos o es solo una cuestión de tiempo para que se desinfle como un gl