¿Sabías que miles de navarros decidieron dejar atrás las penurias del franquismo y cruzar medio mundo hacia Australia? ¡Sí, así como lo oyes! En lugar de buscar un bar donde quejarse del jefe, se lanzaron a la aventura de emigrar como quien va a la playa un domingo. ¿Y por qué a Australia? Porque, aparentemente, era más atractivo que quedarse a trabajar por 40 pesetas en el campo. Y claro, quién no querría dejar atrás el ‘¡a trabajar!’ de los terratenientes.
Imagínate la escena: un montón de paisanos, nerviosos por los chequeos médicos en calzoncillos, mientras la mayoría de las mujeres hacían una especie de striptease involuntario. Todo esto para llegar a un lugar donde podían trabajar duro en plantaciones de tabaco y caña de azúcar y, de paso, ser parte de un “plan” que tenía más de racismo que de entusiasmo.
Y después de todo eso, vuelven a casa con historias de un continente lejano, con coches y todo. Pero cuidado, que el regreso no fue fácil. ¡Eso sí que fue un choque cultural! Volver a casa con una minifalda y que te digan que “tienes poca vergüenza” es un clásico que nunca pasa de moda. En fin, que estas historias de emigración no solo son una lección de valentía, sino también un recordatorio de que, a veces, el césped no siempre es más verde del otro lado… aunque sí puede ser más dorado.
¿Te imaginas irte tan lejos y luego volver a ver que la gente sigue igual? Cuéntame, ¿qué harías tú en su lugar?
https://www.eldiario.es/navarra/operacion-boomerang-navarros-emigraron-australia-huyendo-franquismo_1_13025352.html
¿Sabías que miles de navarros decidieron dejar atrás las penurias del franquismo y cruzar medio mundo hacia Australia? ¡Sí, así como lo oyes! En lugar de buscar un bar donde quejarse del jefe, se lanzaron a la aventura de emigrar como quien va a la playa un domingo. ¿Y por qué a Australia? Porque, aparentemente, era más atractivo que quedarse a trabajar por 40 pesetas en el campo. Y claro, quién no querría dejar atrás el ‘¡a trabajar!’ de los terratenientes.
Imagínate la escena: un montón de paisanos, nerviosos por los chequeos médicos en calzoncillos, mientras la mayoría de las mujeres hacían una especie de striptease involuntario. Todo esto para llegar a un lugar donde podían trabajar duro en plantaciones de tabaco y caña de azúcar y, de paso, ser parte de un “plan” que tenía más de racismo que de entusiasmo.
Y después de todo eso, vuelven a casa con historias de un continente lejano, con coches y todo. Pero cuidado, que el regreso no fue fácil. ¡Eso sí que fue un choque cultural! Volver a casa con una minifalda y que te digan que “tienes poca vergüenza” es un clásico que nunca pasa de moda. En fin, que estas historias de emigración no solo son una lección de valentía, sino también un recordatorio de que, a veces, el césped no siempre es más verde del otro lado… aunque sí puede ser más dorado.
¿Te imaginas irte tan lejos y luego volver a ver que la gente sigue igual? Cuéntame, ¿qué harías tú en su lugar?
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